


Un nuevo concepto de educación existe en el Colegio Altamira. No sólo es suficiente la calidad académica; los espacios son esenciales para el desarrollo de los niños.
Mediante el trabajo luces y colores, se intenta reflejar la naturaleza del colegio, creando un diseño innovadores, como si Karim Rashid hubiese participado en el concepto.
Más allá de una arquitectura coherente con el concepto del nuevo mundo y sus avances tanto tecnológicos como innovadores, se busca crear espacio llenos de luces y ergonométricos. Todo espacio es útil, todo se conecta, es un pequeño laberinto multicolor.
El arte siempre está presente en el recinto. Los cuadros que se encuentran ahí son creados por los propios estudiantes, incentivando su poder creativo y alentándolos a abrir sus mentes, creando un espacio cultural, mimetizado con la arquitectura moderna.
Luces y colores refleja el alma del colegio. Son la identidad de éste. No sólo es su arquitectura y diseño lo que hacen al colegio, sino que son los complementos de los estudiantes, quienes se mimetizan con las paredes de éste.
El Colegio Altamira, a simple vista no dice, nada, sólo basta cruzar el portón verde que separa a Santiago de esta pequeña ciudad.
Al atravesar la puerta, te encuentras con la ciudad creada por Jean - Pierre Jeunet y Marc Caro en su película "La ciudad de los niños perdidos", donde la diferencia radica en los colores, luces y sombras que se forman en éste. Esa es la imagen ínvocó mi mente al entrar al colegio, Laberintos futuristas, creado por ratoncitos llenos de color.
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